<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551</id><updated>2012-03-16T02:19:40.314-07:00</updated><category term='?'/><category term='¡'/><category term='#'/><category term='*'/><category term='ø'/><category term='%'/><title type='text'>La novela de Ricardito Gaitán</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>7</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-3265653443991886658</id><published>2010-09-10T11:02:00.000-07:00</published><updated>2010-09-10T11:06:41.236-07:00</updated><title type='text'>Prefacio</title><content type='html'>"La novela de Ricardito Gaitán" es un proyecto conjunto y vacacionístico de los participantes del taller de escritura &lt;a href="http://tramadeadoquines.blogspot.com/"&gt;Trama de Adoquines&lt;/a&gt;. Imitando (con algunos cambios) la metodología del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;cadáver exquisito&lt;/span&gt;, los talleristas escribieron, en base a mínimos lieamientos (el nombre de un personaje y una situación), un capítulo para la novela sin saber qué hacían los otros.&lt;br /&gt;Esperamos que la lectura les sea placentera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-3265653443991886658?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/3265653443991886658/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/prefacio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/3265653443991886658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/3265653443991886658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/prefacio.html' title='Prefacio'/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-4704943950526892602</id><published>2010-09-10T11:00:00.002-07:00</published><updated>2010-09-10T11:02:06.391-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ø'/><title type='text'></title><content type='html'>Se estaba cortando las uñas con un alicate cromado. Recién tiraba el último cigarrillo consumido al inodoro, tirando la cadena impaciente, como para que toda esa mierda se vaya de una vez. A veces es sentirse como un cigarrillo apagado, dando vueltas entre aguas y mierdas.&lt;br /&gt;Pero ese día no, tanto no.&lt;br /&gt;Compulsivamente tomó la quinta tasa de té de la mañana, hervido, rehervido varias veces, pero no le quemó. El infeliz tiene los ojos como manchitas redondas en la cara y no se cansa de encontrarle algún sentido a su vida. Lleva encontrados tantos sentidos que eso lo confunde, por eso se encierra en su casa a tomar té, y mientras le da otro trago, sonríe otra vez, satisfecho, porque descubrió que todo tiene sentido porque las cosas se ensamblan unas con otras: el sentido de los pies son las zapatillas, el sentido del té, la taza, y así. Los cabos sueltos no tienen sentido.&lt;br /&gt;Trabaja de eso. Va uno o dos días a vivir con alguien desconocido, con un cliente, y le dice cuál es el sentido de su vida. De la vida del cliente. Trabaja cuatro o cinco días al mes, y con eso le basta, aunque a un sinfín de clientes no les basta nada, porque son muchos, muchos, y el atiende a uno o a dos por mes. Entonces se va, digamos, con María; vive un par de días con ella, casi sin hablarle, escuchando, sí, pero casi sin hablar, y mientras María se maquilla le dice: el sentido de tu vida es hacer que tu hermana no se sienta una miserable, y vivís pendiente de ella porque creés que hacerla feliz es igual de importante que pintar un Van Gogh. Traga su té, como si lo que dijera no tuviese la más mínima importancia. Sus clientes le pagan cuando el rompe la taza de té que usó esos días, porque así esta pactado, porque los clientes saben que así se maneja él.&lt;br /&gt;Y no hace ningún juicio sobre eso. Se lo dice. Y a veces se equivoca, tan convencido se equivoca, que la gente orienta su vida en ese sentido, porque lo dice él, y vive lo suficientemente feliz como para no tomarse el trabajo de ir a reclamarle nada.&lt;br /&gt;La ciudad necesita que le digan qué hacer. Un doctor, un mecánico, un analista en sistemas. Él se siente a veces como un personaje de comics, que le salva la vida a la gente, pero no se lo dice a nadie, porque siempre anda solo. Todos se le fueron yendo, porque creían que el estaba equivocado, y aunque tuviera razón, no les importaba que alguien les dijese, en medio de un cumpleaños, o de una cena, cuál era el destino de su vida. Estaban hartos de escucharlo, porque en sí, el que quiere saber el sentido de su vida es un imbécil que no está haciendo nada, o que tiene miedo a estar equivocado, o simplemente, sabe que esta equivocado y entonces tiene miedo de cambiara, de hacer. Según él, el sentido de la vida de su última pareja era ser médica de campaña, pero ella entendió la interpretación de él como una forma disimulada de pedirle que se fuera de su vida, y así no más, un día, cargó sus cosas y se fue, dejó medicina, y ahora tiene un negocio de lencería en Once.&lt;br /&gt;Se traga otro té, lo mismo que si fuera agua, se calza los mocasines y sale a caminar. Los cordones en el calzado no tienen sentido. Alpargatas, pantuflas, chinelas, mocasines. Hace las compras de la semana. Un hombre solo, haciendo las compras, a veces es patético. No tiene a nadie para regalarle una comida especial y se cree lo suficientemente estoico como para comprar algo que le aporte, además de nutrientes, cierto placer gourmet. Recorre las góndolas del supermercado, con la precisión de un neurocirujano, da pasos cortos direccionados únicamente a lo necesario, no mira cosas desconocidas, ni gente ni productos. No pasea por el supermercado. Disecciona los productos de las góndolas, y ordena los productos para que parezca que él no sacó nada de ahí. Compra arroz, compra fideos, compra vinagre de alcohol, compra aceite mezcla, compra galletas de salvado sin sal, compra té común, compra polenta. Por semana no gasta más de cincuenta o setenta pesos de su cuenta bancaria que sobrepasa el medio millón. Vuelve sin saludar a nadie en el camino, sin cabecear con un gesto al verdulero, o a algún vecino. Nadie sabe qué es lo que hace ese flaco, ni de qué vive, es un misterio en el barrio, es el pibe de la casa de al lado, el pibe que no saluda, el que anda en algo raro, pero él ni se preocupa, ni se imagina esas cosas, incluso a veces se olvida que esas son personas, que la vieja que sale a hacer los mandados con la bolsa de plástico tiene una vida. Los ve más bien como peces dando giros en una pecera de aire y ciudad.&lt;br /&gt;Más le llaman la atención los nenes, los mira a los ojos, y si supiese, seguro les sonreiría. Los nenes se ve que igual entienden esa mirada, y a veces lo saludan con la mano. No es un tipo vacío, pero pensar en él a veces deja esa sensación. Es, en el fondo, un científico de la calle, no puede dejar de estudiar a esos cuerpos que ve caminar por la calle. &lt;br /&gt;A veces los sentidos no le llegan tan claros, entonces se sienta a pensar detenidamente en algo, mientras mira su colonia de hormigas crecer, y se exprime el cerebro como una naranja para que destile algo más interesante que lo que ve. Y las ideas que le salen en medio de esas torturas psíquicas no son ni más profundas ni mejor logradas que las casuales. Está sentado mucho tiempo en su silla con respaldo de madera, y se siente ahí, a ver pasar las hormigas por la pared y por el techo, a veces siente deseos de darles de comer, para ver que hacen, pero no tiene qué darles de comer. A veces deja la puerta de calle abierta, porque una vez entró un sapo a comerse las hormigas, y ese día fue uno de los más felices. Alguien entra, pero no es un sapo.&lt;br /&gt;-Buen día, fresquito ¿no?&lt;br /&gt;-Mirá, tenés las zapatillas puestas alrevés.&lt;br /&gt;-Pero, ¿qué decís?&lt;br /&gt;-Tenés la derecha en el pie izquierdo y la otra en el otro.&lt;br /&gt;-Mirá, no me había dado cuenta.&lt;br /&gt;-Pero ¿qué hacés adentro de mi casa?&lt;br /&gt;- Necesito comer un bife. Todas las mañanas, me levanto y voy al baño. Cuando meo siento olor a comida, y después, si no como esa comida, mi día es un desastre. Hoy meé con olor a bife con ensalada. ¿Me das dos bifes?&lt;br /&gt;-¿Y por qué venís a mi casa?&lt;br /&gt;-¿Sos corto?&lt;br /&gt;-No, no te entiendo.&lt;br /&gt;-A ver, es simple, agarrás y me cortás dos bifecitos, con hueso.&lt;br /&gt;-Ya entendí eso.&lt;br /&gt;-Bien por vos. ¿qué esperás?&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;-Si no tenés bife, dame paleta, cuadril, lo qué tengas.&lt;br /&gt;-No tengo carne en la heladera. No como carne.&lt;br /&gt;-¿Qué tiene que ver que no comas carne? Mi viejo vende sillas de rueda y camina lo más bien.&lt;br /&gt;-Salí de mí casa.&lt;br /&gt;-Dale, vendeme dos bifes, que afuera hay más gente esperando y se la van a agarrar conmigo.&lt;br /&gt;-Pero ¿qué pasa acá? Yo no vendo nada. Esto no es una carnicería viejo, es mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo que nunca le había pasado. Ver entrar gente a su casa sin su invitación. Un desconocido en su casa era un acontecimiento de lo más extraño, por eso lo intrigaba tanto. Detallaba el aspecto del otro, la barba, la panza protuberante, seguro que no meaba con olor a ensalada tan seguido. Quería cerrar la puerta, para que el extraño no se fuera para que no entrara nadie más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacés, por qué cerrás?&lt;br /&gt;-Tenemos que hablar, yo no vendo carne. Pero quiero saber por qué estás acá.&lt;br /&gt;-Acá siempre hubo una carnicería, que sé yo. Mi viejo compraba siempre acá, y me quedaba de paso y pasé.&lt;br /&gt;-Vivo hace ocho años acá, y nunca hubo carnicería.&lt;br /&gt;-Entonces no sé. ¿Vas a atender el timbre de una vez? Mirá la cola de gente que hay afuera.&lt;br /&gt;-No puedo atener a toda esa gente, me da miedo tanta gente, no me interesa. Pero si te quedás te puedo regalar hasta dos vacas enteras, de veras.&lt;br /&gt;-Bueno, pero ¿dónde hay un baño?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-4704943950526892602?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/4704943950526892602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/se-estaba-cortando-las-unas-con-un.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/4704943950526892602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/4704943950526892602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/se-estaba-cortando-las-unas-con-un.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-8957708871598081954</id><published>2010-09-10T11:00:00.001-07:00</published><updated>2010-09-10T11:00:40.264-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¡'/><title type='text'></title><content type='html'>Y la vida de Ricardo Rubén transcurre. Claro que a su manera. Sus días, desde que se levanta de la cama hasta que se acuesta tardísimo por la noche son impredecibles. Ricardo Rubèn jamás programa nada, primero porque es muy desordenado. Su madre siempre le dice: “¡Ricardito sos un desorejado!”. A el le causa gracia eso de “desorejado”, y riéndose la mira entre pícaro y cariñoso y le tira un beso y un guiño y la vieja se derrite. Segundo porque el es una persona siempre dispuesta a pegar el volantazo para cambiar de rumbo cuando sea necesario.  Y eso puede ocurrir en cualquier momento del día, sobre todo después del desayuno, cuando Ricardo Rubèn agarra el diario, un puchito y dice “Voy al biorseeee…”. En ese momento ya nadie sabe lo que puede suceder. Posiblemente salga del baño a los 15 o 20 minutos, pero también puede ocurrir que Ricardo no aparezca por 4, 5 o quizás quien sabe cuantos días. Una vez estuvo casi un mes sin regresar y no precisamente porque el diario fuera muy largo o interesante. No, lo que ocurre es que en el baño de Ricardo hay un inodoro con la extraña propiedad de abducirlo y llevarlo a lugares o tiempos inesperados.&lt;br /&gt;  Tanto él como su familia ya estaban acostumbrados porque le ocurría desde chiquito, desde que dejó los pañales y aprendió a ir al baño solito.&lt;br /&gt;La primera vez fue un drama. Nadie podía explicarse lo que había pasado. Ricardito Rubèn faltó de su casa ocho horas. Cuando regresó, salió del baño, por supuesto con su librito de cuentos bajo el brazo, e intentó contarles a su mamá y su papá sus peripecias, pero ellos no hacían más que gritar y amenazarlo con penitencias exigiendo que les contara la verdad. Ricardito entonces lloró mucho. Lo llevaron al médico, le hicieron electroencefalogramas, fue también al psicólogo, al parapsicólogo y a la curandera pero todos decían lo mismo: “Ricardito es un niño sanito con una gran imaginación”.&lt;br /&gt;  Así paso el tiempo y a medida que las abducciones se sucedían los papás de Ricardito debieron aceptar la realidad.&lt;br /&gt;  Mientras crecía se le complicaba cada vez más con el colegio, varias veces estuvo por quedarse libre ya que tanto a él como a sus padres les era difícil justificar las faltas. Quien les creería que en casa tenían un inodoro abductor. A veces conseguían certificados falsos pero no era lo más común. El problema lo solucionaron cuando a Ricardito se le ocurrió ir al baño de su vecinito, que era su gran amigo y confidente y estaba al tanto de todo. Entonces Ricar le decía a su mamá: “¡¡¡Maaaaaa, voy al baño de Carlitos!!!”&lt;br /&gt;  Después que terminó el colegio ya todo fue más fácil. La familia le puso un quiosco y se terminó la historia de las faltas injustificadas, porque también a medida que crecía en edad sus “Viajes” eran más prolongados. Y cuando alguien preguntaba por el bastaba con decir que estaba de viaje y listo.&lt;br /&gt;  El día que cumplió 21 años fue memorable. Ricardo Rubèn se levanto, desayunó con su familia como de costumbre y después se fue con el diario y el pucho al baño. “¡Me voy al biorseeeee!” anunció. Su mamá lo saludó con un beso y hasta lagrimeó un poquito porque no sabía si lo vería nuevamente. Ricardo estaba dispuesto a todo, lo mismo le daba festejarlo a la noche con sus amigos que “darse una vueltita” como solía decir él. Se metió en el baño y repitió sus rutinas. Nunca supo que era lo que desataba el efecto abductor, pero por las dudas siempre hacía los mismos pasos en el mismo orden, porque en el fondo le encantaban esas travesías. Y ahí estaba, sentado, fumando y leyendo cuando comenzó a sentir esa sensación de vacío. Un estremecimiento, una sacudida en la que sentía que su trasero se separaba del resto de su cuerpo, pero inmediatamente el resto de su persona era absorbida en el torbellino que se generaba dentro de la taza. Instantes después se encontró sentado en el interior de un Mercedes Benz. Como ya estaba acostumbrado a estas situaciones prontamente se adecuó a la circunstancia y comenzó a mirar a su alrededor. Por la ventanilla se veía un hermoso paisaje campestre de cuadros cubiertos de viñedos. Dentro del lujoso vehículo, en la parte delantera el chofer giró su cabeza y con una simpática sonrisa le dijo: “¡Ciao Ricardo, io sono Max!” Ricardo sonríe mientras mira hacia su derecha donde estaba sentada a su lado Naomi Campbel quien sería su compañera de viaje.&lt;br /&gt;  “¿Cual es nuestro destino Max?” Preguntó Ricardo. Max le contó que se encontraban en la campiña toscana y se dirigían a un pequeño pueblo donde lo estaban esperando. Súper relajado y muy bien acompañado por Naomi que le iba cebando mate se dejo envolver por esas vistas increíbles que lo transportaban a la edad media. Con los caminos franqueados por cipreses, los viñedos y cada tanto un pequeño poblado sentía que estaba en el paraíso, y si no era así, realmente Dios había puesto su mano en esos parajes de leves ondulaciones verdes con un sol increíble. Por ciertos detalles que fue registrando pudo darse cuenta de que no era la edad media en la que se encontraba sino en los años treintaitantos, en la Italia de la pre guerra. Recordó que su madre había nacido en esa zona de Italia y se dijo a si mismo “Esto va a estar bueno”&lt;br /&gt;  El camino los llevaba hasta una pequeña ciudad donde había un antiguo fuerte de gruesas y altísimas murallas. Luego Max tomó por un camino angosto, cuesta arriba, sin asfalto por el que la gente de la zona circulaba caminando, en carreta y otros en bicicleta. El camino se bifurcó y en ese punto el simpático chofer detuvo el auto y le dijo en un castellano champurreado que a partir de allí debía continuar solo. Ricardo Rubèn bajó del auto y comenzó a caminar tratando de averiguar donde se encontraba. Un indicador vial decía: Castelnuovo dell Abbate. Era el pueblo de su madre…&lt;br /&gt;  Las casas construidas con piedra, las calles angostas, de tierra, la plaza arbolada con variedades de árboles entre los que pudo reconocer algunos olivos y castaños. Allí sentado un hombre tocaba su mandolín. De cabellos pelirrojos y ojos azules, cantaba alegremente junto con otras personas que lo acompañaban. Esa imagen le resultaba familiar ya que su madre siempre le contaba que a su abuelo le gustaba eso de cantar en público (lo que se hereda no se roba, el también tenía ciertas dotes histriónicas). Se sintió sobrecogido. Siempre sus viajes habían sido apasionantes, pero éste era especial porque estaba presenciando parte de la historia pasada de su familia.&lt;br /&gt;  Entre emocionado y curioso continuó su caminata hasta detenerse en una esquina para ver el nombre de la calle en la que se encontraba. Vía delle Scuole decía, caminó unos metros más y se encontró en el Nº 13. Una puerta de madera pintada de verde inglés, ventana a la derecha y ventana a la izquierda, pintadas ambas del mismo color verde. De pronto se abrió la ventana de la derecha y se asomó una señora de pelo blanco. “¿Quién es?” pregunto en italiano. Ricardo se presentó y la señora abrió los ojos y la boca. Cerró la ventana de un golpe. En este abre y cierra, abre y cierra Ricardo decidió retomar la caminata cuando la puerta se abrió y salió la señora y lo empezó a abrazar aplastando su nariz entre sus dos grandes tetas.  Le besaba los cachetes, la frente y lo apretaba contra esos dos senos inmensos. Casi asfixiado Ricardo logró zafar, porque es verdad que hay cariños que matan. La efusiva dama de cabello blanco lo invitó a pasar y ya en el comedor de la casa comenzaron a conversar. Ella le contó que era Mara, amiga de la infancia de su madre. Ricardo a su vez le contó acerca de los últimos 50 años de su mamá y de cómo ella sentía tanta nostalgia de su pueblito en la Toscana.&lt;br /&gt;   La idea de Mara en cambio era otra. Le contó que al dejar el pueblo ella fue a vivir a Milan para trabajar como institutriz de dos niños de una familia muy adinerada que después de 15 años se mudó a Torino por cuestiones de trabajo, de modo tal que ella se trasladó con la familia. Durante más de 20 años vivió una hermosa vida en dos grandes ciudades trabajando siempre para la misma familia primero como institutriz y después como asistente personal de la señora de la casa. Pero cuando sus padres ya viejos enfermaron ella debió dejar su trabajo para volver al pueblo a cuidarlos. Luego de unos años murió la madre y posteriormente el padre. Ya Mara se había transformado en una solterona cuya única fortuna era la casa que sus progenitores le dejaron y allí se quedo soltera, medio vieja, medio enferma en ese pueblo de mierda donde no hay ni carnicería ni peluquería con la visita que cada 15 días le hacía una sobrina que se ocupaba de ella.&lt;br /&gt;  Después de contarle la misma historia tres o cuatro veces (vicios de la vejez) fue a preparar un café y sacó de uno de sus aparadores una torta. Según ella siempre tenía una por si alguien la visitaba. La puso sobre la mesa y con un tarro lleno de azúcar impalpable la espolvoreó y le dijo a Ricardito: “Esta torta se la llevás a tu madre”. Era absurdo hacerle entender que eso no era posible. ¿Como explicarle lo del viaje en inodoro?&lt;br /&gt;   Habían pasado como tres horas conversando cuando Max tocó el timbre para avisar que ya era tiempo de volver. Al llegar el momento de la despedida, torta en mano, otra vez los besos y los abrazos tetones de Mara. Ricardito subió al auto donde lo esperaba Naomi con el mate preparado. El chofer puso el auto en marcha y emprendieron el regreso que fue silencioso. Ya el paisaje no provocaba el éxtasis del viaje de ida, esta vez la sensación era diferente: emocionado, con el corazón galopante y un nudito en la garganta. Naomi captó todo esto y lo tomó de la mano que le quedaba libre porque en la otra llevaba la torta que Mara había preparado para su madre. Naomi apretó tiernamente su mano, Ricardo la miró fijamente y fue en ese preciso momento cuando comenzó a sentir que comenzaba la desabducción, el final del viaje. Ahora las sensaciones comenzaban por su cabeza y sus hombros, siguiendo por el tronco y como en posición fetal salió desembuchado por la boca del inodoro. Así fue como se halló nuevamente sentado en el artefacto y en vez de llevar el diario en la mano tenía la torta que había sobrevivido al torbellino. Al salir del baño le contó a su familia este viaje tan especial que marco su entrada a la adultez.&lt;br /&gt;  Ricardo esa noche sopló las veintiún velitas sobre la torta de Mara. ¡Qué despelote se armó con el azúcar impalpable!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-8957708871598081954?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/8957708871598081954/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/y-la-vida-de-ricardo-ruben-transcurre.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/8957708871598081954'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/8957708871598081954'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/y-la-vida-de-ricardo-ruben-transcurre.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-4118529875995465792</id><published>2010-09-10T10:59:00.000-07:00</published><updated>2010-09-10T11:00:06.588-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='*'/><title type='text'></title><content type='html'>La gente agolpada en la puerta de la casa de Ricardito comenzaba a ponerse cada vez más violenta. Nuestro amigo había calmado a esa gente tirando unas salchichas por la ventana, pero el efecto tranquilizador desapareció a los pocos minutos. Ricardito comenzó a dar vueltas por el garaje de su casa, desesperado, elucubrando una forma de de disolver el tumulto que se había organizado en cuestión de minutos, esa mañana. No sabía qué hacer, ni siquiera podía llamar a la policía, porque incluso tenía dos patrulleros en la puerta que esperaban por una tira de asado.&lt;br /&gt;Ricardito necesitaba calmarse, meditar un rato. Entonces agarró su revista de crucigramas y se la llevó al baño. Se bajó los pantalones vaqueros y se sentó en el inodoro. Uno horizontal, artefacto con que, por un procedimiento determinado, se quebranta, machaca, lamina o estruja algo, seis letras. A ver, la que sigue…&lt;br /&gt;Así, sin darse cuenta, Ricardito se fue metiendo de culo por el inodoro, tan concentrado estaba en su crucigrama. Se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo recién cuando el agua empezó a salpicarle el papel. Para ese entonces, la mitad del cuerpo ya había pasado por la cañería y solamente le faltaban los brazos, la cabeza, los tobillos y los pies para estar sumergido completamente en su trono del pensamiento.&lt;br /&gt;Una vez metido de cuerpo entero en la cañería, el agua se fue espesando y oscureciendo. Ricardito despilfarró improperios contra su municipalidad, la empresa del agua y demás deudos. Ya había completado el promiscuo árbol genealógico del intendente cuando se dio la cabeza contra el suelo de tierra. Ricardito puteó una vez más, esta vez al aire, a causa del dolor que le provocó el golpe. Se calló. Se paró. Se miró los pies y las manos y notó que éstas estaban manchadas de tinta. De dónde habría salido. Miró alrededor y vio un ancho campo y, a una distancia media, unos treinta molinos de viento. Un poco más acá, dos sujetos. Pero qué gente rara, che.&lt;br /&gt;Ricardito no tenía idea de dónde había ido a parar, ni siquiera tenía sospechas de lo que estaba sucediendo. Es decir, su inodoro ya lo había llevado a otros lugares increíbles y desconocidos por él, así que eso no le había llamado la atención. Esta vez, el agua oscura y espesa le había resultado extraña, al igual que las manchas de tinta que marcaban sus manos… y esta gente extraña, que no se vestía como él. Él no era Yves Saint Laurent precisamente, pero tampoco tenía un casco hecho con cartones y engrudo.&lt;br /&gt;¿Y el muchacho retacón que estaba al lado? Definitivamente esos dos tipos estaban fuera de su alcance. Fuera de su época, fuera de su entendimiento, fuera de su raciocinio. Mientras escuchaba al último gritarle al flaco desgarbado, Ricardito se fue acercando. Cuando alcanzó al gordito, le dirigió la palabra:&lt;br /&gt;- Y, jefe, ¿cómo anda todo?&lt;br /&gt;- ¡Válame Dios! ¿quién es vuestra merced? Sin duda habéis sido enviado por Don Miguel de Cervantes.&lt;br /&gt;- Eh, sí sí, claro, ¿Miguel qué?&lt;br /&gt;- Miguel de Cervantes. El autor de La Galatea y de mí y de ese loco que no escucha que no son gigantes los que tiene frente a sí, sino molinos de viento.&lt;br /&gt;Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es quien os acomete&lt;br /&gt;- ¿Lo escuchás, pibe?&lt;br /&gt;- ¿Qué? Jefe, ¿está bien?&lt;br /&gt;- Sí, pibe. Se nota que es la primera vez que aparecés por acá. Disculpame que te haya hablado raro al principio; la costumbre, ¿viste? ¿Cómo es que te llamás?&lt;br /&gt;- Ricardo. Ricardo Rubén Gaitán. ¿Seguro se siente bien?&lt;br /&gt;- Sí, Ricardito (te puedo decir Ricardito, ¿no?). Todo bien, nada nuevo. ¿Qué querés que te diga? Esto yo ya lo pasé millones de veces, desde hace cuatrocientos años. Primero, se le quema el cerebro y salimos a buscar a su Dulcinea, con su corcel y su noble escudero. Después, bueno, no te voy a contar todas las cosas que pasamos. Lo más importante es que unas cuantas páginas después voy a ser gobernador de la ínsula Barataria. Yo me hago el loquito y Alfie se enferma hasta que… ¡sácate!&lt;br /&gt;- La verdad es que no sé de qué me está hablando. No sé dónde estoy, no sé quién es usted ni quién es el loco que quiere reventar esos molinos.&lt;br /&gt;- ¡Ay, pibe! Mirá que te falta tomar sopa en esta vida… ¿no leíste mi historia en la secundaria?&lt;br /&gt;- Ah, sí… ahora me suena. Es que no lo reconocí sin los bigotes. Qué cuenta, maestro.&lt;br /&gt;- Lo mismo de siempre. Ahora vamos por el capítulo ocho.&lt;br /&gt;- Así que siempre la misma novelita.&lt;br /&gt;- Sí, podría decirse. Es un poco más complejo en realidad, porque volvemos a tomar vida cada vez que alguien lee nuestra historia. A veces soy un poco más alto, o más morocho. Cuando me leen los chicos, tengo más colores, y cuando me leen jóvenes estudiantes argentinos, tengo manchas de mate en la camisa. El problema es cuando dos personas leen el mismo capítulo al mismo tiempo. No pasa tan seguido como los profesores de literatura imaginan, pero es bastante complicado: tenemos una especie de bipolaridad, somos dos personas al mismo tiempo. Nos cambia la fisonomía, la voz. Por suerte no me cambian los diálogos. Pero sé hablar en varias lenguas.&lt;br /&gt;Ricardito Gaitán, que seguía sin saber dónde estaba exactamente parado pero que se las ingeniaba para disimularlo, sacó el paquete de cigarrillos del bolsillo del pantalón y encontró que estaban todos mojados y manchados. Hizo un bollo con el paquete y lo tiró para atrás.&lt;br /&gt;- Y vos, pibe, ¿cómo llegaste acá?&lt;br /&gt;- Yo… no sé, estaba en mi casa esta mañana leyendo el diario, tomando unos mates y no va que me tocan el timbre. Dos viejitas que querían bofe para el perro. De repente tenía cientos de personas que creían que mi casa era una carnicería. Cerré todo, me asusté. Me fui al baño a pensar un rato y acá estoy ahora. Eso es todo lo que sé. ¿Tenés un pucho?&lt;br /&gt;- No. No se puede fumar en lugares públicos y además es una cuestión de salud, pibe. No es por el cáncer, es porque en un descuido se nos puede prender fuego la novela, y son más de mil páginas. Sumado a que suele estar con otras novelas en la biblioteca… una catástrofe. No te digo que la biblioteca de Alejandría se prendió fuego por un pucho que se fumó Aquiles, pero podría pasar algo semejante.&lt;br /&gt;- Igual hay algo que no termina de entender. ¿Cómo saben que…&lt;br /&gt;- …que somos personajes de una novela? ¿Vos cómo sabés que Bruce Willis no es en realidad un policía y un astronauta y un psicólogo muerto? Esto es lo mismo, pibe. Somos personajes de una novela que representamos un papel, en mi caso el del escudero de un loco que se cree un caballero andante. A veces se le chifla el moño y piensa que es un caballero andante de verdad, pero eso es solamente cuando le toca trabajar muchos días seguidos. Lo que pasa es que no tenemos representación sindical, ni obra social y eso nos complica un poco las cosas. Una vez Alfie se enfermó con eso de los vomitivos, se los tuvo que tomar una par de días seguidos y quedó tecleando, no pudimos suspender la novela para que venga un médico a atenderlo. Esas cosas son las que a uno lo indignan. Nadie reconoce el esfuerzo que uno hace, la gente se cree que uno es un par de letras en un papel, que no tiene sentimientos, que no es capaz de enamorarse, de envidiar, de llorar, de enojarse por situaciones que exceden a la novela. Por ejemplo, yo hace años me casé con la pastora Marcela, pero eso no trasciende. En parte está bien, la gente común no llegaría a entenderlo, pero yo trabajo mucho tiempo y apenas puedo verla. Si el mundo supiera que los personajes tenemos otra vida, todo sería más simple.&lt;br /&gt;Ricardito tenía cada vez menos cosas en claro, lo único que sabía con certeza es que le faltaba nicotina. Eso, y que no tenía idea de cómo volverse a su casa. Su casa era una locura, pero no más que lo que estaba pasando. ¿A quién se le ocurría hablar con el personaje de una novela que tenía como cuatrocientos años y que ni siquiera había leído?&lt;br /&gt;- Jefe, ¿sabe cómo hago para volverme a mi casa?&lt;br /&gt;- Bueno, en realidad podrías aprovechar en un rato. Acá es donde se suspende la historia, ¿te acordás?&lt;br /&gt;- No, la verdad que no. &lt;br /&gt;- Sí, pibe. Es memorable: Alfie y el Vizcaíno están ahí, a punta de espada cuando el autor suspende la obra. Después la retoma, claro. Pero vos tenés que enganchar justo cuando el autor pone el punto. Se hace una grieta, nos quedamos duros todos, como congelados. Ahí saltás por atrás de aquél árbol, ¿lo ves?&lt;br /&gt;- Sí, sí, lo veo. ¿Cuánto tiempo tengo?&lt;br /&gt;- Te queda un rato todavía, quedate tranquilo.&lt;br /&gt;- Muchas gracias por todo.&lt;br /&gt;Ricardito golpeó cariñosamente a Sancho en la espalda y dio media vuelta, haciendo un gesto de despedida con su mano.&lt;br /&gt;- Ah, Ricardito, otra cosa.&lt;br /&gt;Ricardito se dio vuelta.&lt;br /&gt;- Relajate. Quiero decir, tenés un montón de locos en tu casa y yo estoy acostumbrado a convivir con uno. No es tan malo después de todo. La locura es un mal de todas las épocas; será entonces que nadie quiere arreglarlo. Miralo a éste, pobre, la cordura lo mató. Ya en las últimas, yo le digo (y te digo a vos también, pibe): La mayor locura que puede hacer un hombre es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Ahora sí, andá nomás.&lt;br /&gt;Después de estas palabras, Ricardito saludó nuevamente a Sancho y se fue. Se agazapó cerca del árbol indicado y esperó al punto. Cuando los pájaros dejaron de volar y las sombras quedaron inmóviles, Ricardito saltó en su lugar. La tierra se abrió y él quedó inconsciente.&lt;br /&gt;Cuando Ricardito volvió en sí, estaba tirado en el piso de su baño, que estaba hecho un desastre. Se levantó y se sacudió el agua y los restos de tinta que habían quedado en su jean, aunque sólo logró empeorar las manchas. Recordó lo que había vivido, recordó las últimas palabras de Sancho y se dirigió al garaje. Se puso el casco de la moto, agarró una escoba y salió a la puerta gritando non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es quien os acomete.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-4118529875995465792?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/4118529875995465792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/la-gente-agolpada-en-la-puerta-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/4118529875995465792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/4118529875995465792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/la-gente-agolpada-en-la-puerta-de-la.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-5665819622190557712</id><published>2010-09-10T10:57:00.000-07:00</published><updated>2010-09-11T15:02:14.628-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='%'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A ver. Ahí sale… No.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hace fuerza.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Uh. No quiere. A ver ahora…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hace más fuerza.&lt;br /&gt;Pero no sale nada. Y las aguas del ídolo de porcelana no reciben descarga.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Puta. No quiere salir. ¿Qué estoy cagando? ¿Un bulldozer&lt;/span&gt;(1)&lt;span style="font-style: italic;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Rubén Gaitán hace fuerza, aguanta la respiración, empuja con su diafragma, se pone colorado. Pero no cae nada.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ufff…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y nada, no cae nada.&lt;br /&gt;Está sentado, las manos sobre las rodillas, la cabeza gacha, concentrado sólo en hacer fuerza, tanto que se pone progresivamente más colorado.&lt;br /&gt;La primera gota de transpiración cae más o menos veinte minutos después de comenzada la ciclópea tarea. Media hora después, Ricardito está como si hubiera corrido diez vueltas sin parar en la plaza del pueblo: agitado, colorado hasta los tobillos y empapado de sudor.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hmm... Deben ser los nervios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Acaba de vivir una situación difícil, traumática: el problema no había sido que su casa no fuera una carnicería sino que la gente del pueblo actuó como si lo fuera. Horas estuvo intentando convencerlos infructuosamente de que su casa nunca fue una carnicería. Sin embargo Javi García, el ferretero, decía recordar que le vendió dos kilos de una exquisita colita de cuadril la semana pasada y Lucho Monzón, el carpintero, afirmaba y sostenía que había comido el mejor asado en años comprado en esta carnicería. Ricardito realmente no sabía qué hacer: ni siquiera se rindieron ante la pasmosa evidencia de que en su casa no había heladeras industriales ni ganchos ni cuchillos gigantes.&lt;br /&gt;Verdaderamente habían sido horas: sus vecinos se habían reunido a la mañana en la puerta de la casa, indignados porque no estaba abierto, y habían empezado a golpear la puerta. En cuanto Ricardito les abrió se metieron en su casa sin pedir permiso (“al menos algunos me dieron los buenos días” pensó Ricardito) y empezaron a pedirle carne. Una vez salido de su asombro, Ricardito les ofreció gentilmente acompañarlos a la carnicería del chueco Álvez, pero los vecinos, que ya habían superpoblado la sala de estar de su casa, se rieron un rato y después le pidieron (algunos más educadamente que otros) que no inventara cosas para su conveniencia.&lt;br /&gt;El clima se estaba poniendo espeso y Ricardito empezaba a perder la calma y la cordura por partes iguales. Cerca del medio día decidió ir él mismo a la carnicería de Álvez, recibiendo la reprobación de toda la gente y la negativa de abandonar su casa.&lt;br /&gt;Ricardito vuelve a hacer fuerza sin resultados. Ya está cansado de su posición, del sudor y de sentir que cuanta vena o arteria que hay en su cuerpo bombea más sangre que lo acostumbrado.&lt;br /&gt;Decide bañarse para ver si puede lavar de su cuerpo el sudor y de su mente el recuerdo de lo que le había pasado ese mediodía, porque cuando llegó adonde tradicionalmente estuvo la carnicería del Chueco encontró una casa de un solo piso con frente de ladrillos y techo a dos aguas. Un impulso lo obligó a golpear repetidas veces la puerta de madera de pino hasta que segundos más tarde asomó la cabeza una señora que él nunca había visto en su vida preguntando qué quería.&lt;br /&gt;-¿Dónde está la carnicería?- dijo Ricardito secamente.&lt;br /&gt;-¿Qué carnicería?- respondió la señora.&lt;br /&gt;-La carnicería- explicó Ricardito.&lt;br /&gt;-Ya ve que acá no hay ninguna carnicería-&lt;br /&gt;-Pero acá siempre estuvo la carnicería-&lt;br /&gt;-No, no: acá nunca hubo una carnicería-&lt;br /&gt;-¡Sí! ¡La carnicería del Chueco Álvez!-&lt;br /&gt;-No sé quién es ese señor y tampoco sé quién es usted. Disculpe pero se me van a pasar los brócolis- dijo la señora y cerró la puerta. Y sin otra cosa que su desconsuelo Ricardito volvió a su casa a ver cómo podía solucionar la situación.&lt;br /&gt;Mientras prepara su ropa y abre la ducha para darse un baño Ricardito cae en la cuenta de que ese, en las inmediaciones del trono blanquesino, es el único lugar que queda exclusivamente para él; porque al medio día, cuando llegó a su casa después de la frustrada visita a la carnicería inexistente, encontró que toda la gente del pueblo estaba ocupando el living, charlando de fútbol o de política, algunos tomándole el Dry Martini que se guardaba para ocasiones especiales y otros mirando “Volver al Futuro” en la tele.&lt;br /&gt;Rendido, Ricardito se dedicó a comer lo poco que le habían dejado de guiso de lentejas de la noche anterior simplemente para hacer pasar el tiempo. Y el tiempo pasó entre mates, un campeonato de generala larguísimo y ocasionales reclamos irónicos por la carne que nunca vendió. Pero él no hacía caso y seguía en la suya: agitando el cubilete o preparando unas tostadas. Hasta que en un momento de la tarde le agarró unas ganas incontenibles de defecar. De modo que cruzó no sin esfuerzo el living de su casa, llegó al baño y pasó entonces lo que todos conocemos: nada.&lt;br /&gt;Ricardito corre la cortina, entra en ka ducha y el tiempo se detiene. Se detiene para él, porque la media hora durante la que él estuvo debajo de la ducha transcurrie rigurosa, segundo a segundo. Y él se baña con extrema parsimonia, como si no hubiera otra cosa en el mundo más que el agua, el jabón y la transpiración que de a poco se va yendo.&lt;br /&gt;Cuando está por salir de su bañera el vapor espeso que ocupa el ambiente le da una idea del tiempo que tardó. El suelo y las paredes están cubiertos por una película finísima de gotitas de agua. Ricardito levanta su pierna para abandonar la ducha pero un movimiento en falso lo hace perder el equilibrio y caer aparatosamente.&lt;br /&gt;El “pum” y el “plof” se escuchan casi al mismo tiempo, después de que Ricardito se cayera de cabeza al inodoro.&lt;br /&gt;(1) Bulldozer: 1. Máquina utilizada para la construcción; 2. Banda italiana de dark metal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-5665819622190557712?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/5665819622190557712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/ver.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/5665819622190557712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/5665819622190557712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/ver.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-5742671060062285334</id><published>2010-09-10T10:52:00.000-07:00</published><updated>2010-09-10T10:57:11.497-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='#'/><title type='text'></title><content type='html'>El reloj suena, ese, el que está en la pared blanca y vieja; al lado del almanaque de la carnicería “Raulito”. La que está al lado del taller, al lado de su casa, pasando como quién se dirige hacia la municipalidad.&lt;br /&gt;Son las tres de la tarde, hace un poco de frío dentro del taller, dentro de la casa. Ricardito mira por el ventanal mientras desarma una motoneta verde y blanca, tiene ganas de tomar mate, cada vez más, más y más mientras desarma la transmisión, mientras saca la rueda de la horquilla, mientras apoya la rueda -ya a fuera de la horquilla- en la pared.&lt;br /&gt;“La tarde es otra tarde de otoño cualquiera: amarilla, templada, sepia” se decía Juancito mientras miraba un pequeño lugar azul de la camisa azul con manchas negras de grasa, mientras miraba por la ventana a la gente pasar, mientras trataba de recordar en un poema que había dicho…&lt;br /&gt;-¿Te pones el agua para unos mates, Juancito?- dijo Ricardito mientras juntaba las tuercas, las arandelas y los chapones dentro de un cajón de manzanas rionegrinas y pensaba en nada, en un vacío oscuro y en el frío y en las campanas del reloj que parecían (en la mente de Ricardito) seguir resonando.&lt;br /&gt;Juancito preparaba el mate: primero la yerbera en el segundo estante, luego lavar el mate, limpiarlo de los restos del mate de la mañana, ponerle la yerba, unos golpecitos para torcer la yerba dentro del mate, volcar un poca de agua dentro del mate para mojar la yerba, clavar la bombilla en ese verde pequeño y redondo claro.&lt;br /&gt;Mientras chupaba el primero de los mates (para probar la temperatura y escupirlo en la pileta) seguía pensando en el poema… que lo decía, lo decía –recitaba- Julita Vásquez.&lt;br /&gt;-¿Te acordás, Ricardo, del poema ese, ese que decía –recitaba- Julita?- pregunto Juancito mientras sonreía (por Julita) y Ricardito chupaba el mate. Pero Ricardito no dijo: -Sí, como no me voy a acordar, de Julita (¿qué linda es?) y de ese poema tan bonito, ¿de quién era?.&lt;br /&gt;No, no decía nada, solo se encargaba de chupar despacio el mate, de tomar en dosis casi precisas cada gota verde de mate.&lt;br /&gt;-¿Cómo era el poema?; ¿qué poema decía Julita?; ¿Julita, la mayor del hilandero y de la profesora de matemáticas?; ¿Julita la más chica, porque la mayor (que buena que estaba, también pero Julita mejor) era Patricia?; ¿el poema, era lindo¿; ¿era largo?; ¿cómo era?” se interrogaba el mismo Ricardito sin conseguir, nada, ninguna respuesta, ni un solo verso.&lt;br /&gt;-Sabés que no… me acuerdo bien- dijo Ricardito pasándole rápido el mate vacío a Juancito.&lt;br /&gt;La tarde estaba quieta, tanto que la imagen de la vidriera parecía una película en cámara lenta. La gente pasaba, estáticos. Saludaban con la mano en alto, como si fueran árboles muertos secos y terminaban desapareciendo de la vidriera.&lt;br /&gt;Ricardo absorto miraba pasar la gente y no prestaba atención a la espera del mate que   Juancito, también absorto mirando la vidriera, le pasaba.&lt;br /&gt;Ambos petrificados entre la poca luz. Ambos fuera de sí (o dentro de sí) como si fueran las figuras de un cuadro. Ambos en una imagen, mimetizados con el fondo. Ambos…y nadie parecía ser en esas tres altas paredes blancas y viejas.&lt;br /&gt;Nada parecía sacarlos de ese estado, nada parecía traerlos de nuevo a la habitación, a la sensación caliente de la bombilla, a la luz que entraba por la puerta entre abierta del baño, nada. Nada hasta que sonó el otro reloj dando las tres de la tarde al lado de la puerta del baño; a la derecha del almanaque de la carnicería  que en rojo decía: “Carnicería Raulito. Carnes de primera calidad…”&lt;br /&gt;-Che Ricardito, ¿de dónde sacaste aquel reloj?- dijo una voz hasta ahí sin persona, aunque bien, solo podía ser la de Peralta o la del Prusiano Gómez.&lt;br /&gt;Ambos miraron y vieron la sonrisa con ventanas del Prusiano como si nunca hubiera salido de esa época de la infancia en la que se renuevan los dientes.&lt;br /&gt;-Eh… ¿cuál?, ¿Aquél o este?- dijo Juancito que conocía al milímetro los relojes que Ricardito armaba y desarmaba.&lt;br /&gt;-Ese era de la viuda de Luis Chico, el panadero, ¿te acordás que lo tenía en la panadería arriba de la vitrinita?- dijo Juan   &lt;br /&gt;Mientras le ponía agua al mate, mientras Ricardito observaba, cuidadosamente, el desperfecto de la motoneta verde y blanca. Juan le da el mate al Prusiano. Goméz asintió con la cabeza y agarró el mate espumante verde.&lt;br /&gt;-No ese no, ya sé que ese era de Luis Chico, yo digo el otro, ¿él que sonó recién?, aquél- dijo entre sorbos Gómez.&lt;br /&gt;-Él que está allá al lado del baño…-&lt;br /&gt;-Era de mi abuelo, primer Gaitán.- dijo Ricardito sin dejar que termine de decir el Prusiano.&lt;br /&gt;-Ah!, está lindo- y después de decir, el Prusiano sonrío – debe de tener como 80 años-.&lt;br /&gt;-Puede ser. Che Prusiano, ¿te acordás del poema que decía la hija del hilandero?- Pregunto Ricardito sin detenerse a mirarlo, pasándole el mate a Juancito.&lt;br /&gt;-¿Cual?... ¿la culona o la morochita de pelo corto?. Dijo el Prusiano Gómez como si hubiese esperado cien años esa pregunta para esa respuesta. Sin pensar la pregunta que dio como respuesta ya que ambas –Julia y su hermana, Patricia- eran parecidas: parecido el pelo y parecidos sus atributos. Igualmente de insinuantes (de culonas y tetonas) aunque la más joven era de un encanto particular, belleza única, más delicada. La otra, la mayor, sí era linda, era bella, era con la que todos los hombres del pueblo querían tener algo, un noviazgo, un casamiento o acostarse un noche. En cambio, Julita era bella para algunos pocos. Tenía lindo cuerpo y era buena, tal vez un tanto caprichosa y reservada pero esas sombras en el silencio era lo que la hacía única. Ese tipo de belleza que veían uno pocos, entre esos Juancito y Ricardito pero para el Prusiano era “la morochita de pelo más corto”. &lt;br /&gt;-La de pelo más corto- respondió Juancito.&lt;br /&gt;-mmm… pará. Una vez lo escuche pero, sabés, no me acuerdo nada, me acuerdo de este (señalo la espalda escueta de Ricardito) y de peón tres a alfil cuatro- dijo Gómez y siguió acompañándose con sus manos: una, la izquierda, que esperaba que Juancito le pase el mate y la otra, la derecha, dibujando líneas rectas en un plano, un pequeño plano que flotaba en el aire.&lt;br /&gt;-Sí, después… caballo cinco a… “tarde…” se llamaba, alfil- dijo, y terminó o así propuso el silencio.&lt;br /&gt;Juancito y Ricardito se quedaron sorprendidos, a su manera por lo que dijo el Prusiano.&lt;br /&gt;-¿Qué mierda dijiste, Pru…? Pregunto Ricardito en un tono áspero y amenazante.&lt;br /&gt;-Sí, ¿cómo dijiste?- continuo Juancito a la pregunta de Ricardito. &lt;br /&gt;-Qué se llamaba algo así: tarde…, algo tarde, la tarde algo- dijo el Prusiano seguido a la pregunta de Juancito.&lt;br /&gt;-Sí, así era la jugada. Cómo te gané ese día- seguido a la última respuesta, a la pregunta, en respuesta a la pregunta de Ricardito.&lt;br /&gt;-Cállate, me haces el favor… terminó en tablas porque te dormiste del pedo que tenías, caradura.- enojado y un tanto tenso dijo Ricardito –si estuviese acá, Moncholo no podrías mentir. Mentiroso si te dormiste en la sexta jugada.-&lt;br /&gt;El día ensombrece. El viento del sur mueve las ramas de los álamos de la calle, pasan el viejo De Luca junto a Ramón hacia el centro, miran hacia adentro, saludan y siguen hasta perderse en la ventana. Laura Córdoba pasa, su pollera y sus pelos largos al viento, la corre el perro de Matute.&lt;br /&gt;El viejo De Luca, que antes había pasado apurado hacía el centro, camina despacio anunciando la entrada al taller de Ricardito, pero Ricardito no le presta atención.&lt;br /&gt;Recuerda el partido de ajedrez y el poema al mismo tiempo pero un pensamiento molesta al otro, se confunden, se hacen ilegibles: un mar de significado dentro de un frasco sucio, una ciudad hecha escombros y un niño buscando su bicicleta entre pedazos de mampostería.&lt;br /&gt;-¿Son las tres?- dijo el Prusiano y De Luca tanteaba el picaporte. &lt;br /&gt;-¡Qué temprano!- el ruido del picaporte, del mecanismo de la cerradura enredado entre las vocales silbadas por las falta de dientes de la boca del Prusiano.&lt;br /&gt;-¡Avispate pelotudo!- dijo Ricardito.&lt;br /&gt;-Prusiano, son tres y media- Dijo Juancito, De Luca entró y palmeo la espalda de Gómez. Juan le señalo el otro reloj, el primero, él que está a la derecha del Almanaque.&lt;br /&gt;El silencio se hizo nuevamente. El Prusiano se sentía ofendido pero seguía moviendo las manos. El viejo De Luca sorbía el mate delicadamente. Juancito leía con detalle la procedencia de cada uno de los relojes. Ricardito trataba de recordar el poema que decía Julita entre distintos recuerdos, entre distintas imágenes.&lt;br /&gt;“Sí, se llamaba… Tarde… Tarde… Tarde Otoñal…. Tarde Otoñal…; Oh… y suntuosa como un tesoro ideal, ideal, i…de..al”  pensaba Ricardito y todo eso que pensaba se arremolinaba como el polvo de la calle detrás del auto de Fernández (el dueño de la motoneta verde y blanca) en línea recta y firme por sobre el ventanal.&lt;br /&gt;-¿Qué haces Ricardito?.- dijo el viejo –Gracias Juan- sentenció y devolvió el mate a Juancito.&lt;br /&gt;-Mañana podés verme la cortadora de pasto y el reloj de Beatriz- preguntó De Luca. Prosiguió –Como andás Prusiano?. Che, ya volviste de Córdoba?, ¿y qué tal?, ¿tu vieja está bien?, ¿Tu tío?. Contá. Contá-. Tomó aire y ansioso esperó la respuesta del Prusiano.&lt;br /&gt;El Prusiano dijo -Bien… bien… bien… eh, bien; sí, bien-, rió, sonrió y nada más para las preguntas ansiosas, típicas del Viejo. -No quiero más, está hecho un asco- dijo el Prusiano y devolvió el mate y así concluyó su breve narración sobre su último viaje.&lt;br /&gt;Los dos, Juancito y Ricardito, emitieron una risita, una seca y grave; la otra larga y aflautada.&lt;br /&gt;-Todo eso me podés decir del viaje, ¡qué elocuente que sos Prusiano!, ¡qué sos… la puta madre!- dijo con desilusión en su rostro arrugado y añejo el Viejo De Luca.&lt;br /&gt;-Y vos Ricardito, ¿para qué mierda tantos relojes?, lo que si podemos  afirmar es que sos bien hijo de tu viejo, siempre jugando con relojes, amaba los relojes. ¿Para qué?, si lo que menos hacia era darles bola. Siempre tarde, las veces que lo salve de que lo rajarán de la fábrica, como le gustaba dormir, como le gustaba llegar tarde a todos lados.- dijo, paró, respiró, trago saliva, emitió un sonidito gutural minúsculo parecido a una carcajada pero comprimida, continuó: -Me acuerdo, tu viejo, toda la tarde jugando con esos benditos relojes. ¡qué personaje!, buen tipo, le gustaba dormir y llegar tarde, no más.-&lt;br /&gt;-viejo, ¿viniste solamente a hinchar las pelotas?. Che, ¿este mamerto –hizo un gesto con la cabeza un tanto difuso pero preciso como para indicar que se refería al Prusiano- dice que me ganó al ajedrez aquella vez en la plaza?, cerrale la boca.- Dijo Ricardito mientras cambiaba unos engranajes de la transmisión de la motoneta verde y blanca.&lt;br /&gt;-Qué va a ganar este –señalando a Gómez- , si se durmió el boludo.- dijo De Luca e hizo una seña a Juancito negando el mate; seña que dio por concluido la ronda del mate. -¿A que vine?. A decirte, lo de la cortadora de pasto y lo del reloj. ¿Vine a eso solo?. No. ¿A qué vine?- y así De Luca entró al pantano del olvido y de la  memoria: una neblina densa que no deja seguir, ni volver... nada es claro, todo perdido… sólo caminar hasta llegar a algún otro sitio.&lt;br /&gt;La luz  del sol empalidece mirada a mirada, aun más, la vereda de cemento de la casa de Papelito Paredes . Ricardito, los escucha y solo le interesa, lo fascina ese pan de sonido y de imágenes en silencio. Lo único que le interfería ese placer era el poema, en la voz de Julita. Ese poema, en la voz de Julita con máscaras. Ese poema, en la voz de Julita con máscaras haciendo mutis por el foro en el escenario, en la cabeza de Ricardito.&lt;br /&gt;-Viejo, vos que sos el tío postizo. ¿Cómo era el poema que decía Julita- dijo Juancito sintiéndose como un cazador, frente a la presa apuntándole, a punto de dispararle y matar, matar de una vez esa incertidumbre que lo mantenía incomodo.&lt;br /&gt;-Sí, ya se cual decís. Se lo enseñe yo… Julita que linda piba y que buena que es… Para un momento- dijo el viejo De Luca mientras revolvía en su cabeza, espantaba las polillas del olvido y otros recuerdos y la duda de por qué había entrado al taller, si salió de la casa para comprar bife angosto. Mientras tanto la incertidumbre era una aguja que atravesaba la cabeza de Juancito. -Era así, un algo así: Pueblo ceniza./ Por el aire bogan/ los tic de los relojes,/ como huellas de dedos/ sobre la brisa fría./ Y el grillo de los gallos/ viene de otro mundo…- Y con un gesto entre satisfecho y gustoso dio final al poema.&lt;br /&gt;-Ese no- dijo Ricardito un tanto fastidioso con el poema del viejo, sumado al buje que sujeta la rueda y la horquilla de la motoneta verde y blanca.&lt;br /&gt;Resonaron, sus palabras, de una forma particular: moderadas en el volumen pero ásperas en el tono.  Tanto que no solo se impresiono el viejo sino también Juancito, el Prusiano y María del Carmen que justo entró al taller cuando dijo esas dos palabras: Ese, no.&lt;br /&gt;-No, viejo no es ese al que nos referimos. Ese yo también lo sabía, del que hablamos es el que decía en la plaza, en la galería, después de misa, cuando andaba en bicicleta, ¿me entendés, ése?.- dijo Ricardito mirando (a la vez levanto la mano para saludar a María del Carmen que estaba dentro del taller, de brazos cruzados. La que a su vez hizo una mueca para devolver el saludo) al Viejo en tono de arrepentimiento (seguramente, para redimirse de la anterior respuesta) e interrogatorio.&lt;br /&gt;¿De qué hablan?, ¿del poema que decía Julita?- preguntó María del Carmen, una de las mejores amigas –y confidente- de María del Carmen, la madre de Patricia, la hermana de Julita y por consiguiente, su madre.&lt;br /&gt;-Claro, eso mismo- dijo Juancito apurado, tartamudeando un poco. Otra vez sintiendo ese placer (y la incertidumbre) de poder sacarse la duda.&lt;br /&gt;-Sí, qué bonito y ¿sabés una cosa?, hoy a la mañana me levanté con la misma duda- dijo entre risitas cómicas (sus risitas cómicas) María del Carmen, que al terminar miró el reloj, el qué estaba arriba de la cabeza del Prusiano, en la pared contigua a la puerta del baño y de la puerta de entrada, la que daba a la Carnicería de Raulito. Lo miraba fijamente hasta que sus ojos se sorprendieron en el momento que el reloj dio las campanadas. Las tres de la tarde.&lt;br /&gt;“No son las tres, serán tres y media, las cuatro menos cuarto” se dijo para sus adentros María. Miró al Prusiano “A este loco (por Ricardito) le gusta tener los relojes atrasados, que se le va a hacer… viste, María, son rachas” pareció entender que le decía (callado, siempre callado, solo con los ojos) el Prusiano Gómez telepáticamente.  &lt;br /&gt;-Hoy a la mañana me levante con ese poema en la cabeza, pero no me acuerdo bien como comienza. A mí, me gustaba el final- dijo María con esa sonrisa tan amarilla que la caracterizaba. &lt;br /&gt;Ricardito y Juancito la miraron esperando que lo dijera, pero ésto se tardaba, nunca ocurría y parecía que nunca iba a ocurrir. El Prusiano Gómez, que desde que entró verdaderamente poco se había interesado el poema y a esa altura el aburrimiento y el porqué estaba dentro del taller (si él no tenía ni auto, ni bici, ni moto) era lo misma cosa. Una especie de ovillo de lana que asomaba ese partido de ajedrez en el que según sus palabras fue el ganador. El poema de Julita no le importaba, tenía hambre, ganas de comer un bife. Pero seguía ahí, hamacándose en la silla, esperando que el reloj suene otra vez. Pero todavía faltaban unos minutos. &lt;br /&gt;El viejo De Luca, de espaldas a todos los relojes miraba la motoneta. –Es la del Esdrújula Fernández- dijo De Luca.&lt;br /&gt;-Sí, sí, así es- dijo Juacito. –Tal cual- dijo Ricardito –es del Esdrújula- siguió y se dio a silencio por un breve lapso.&lt;br /&gt;-Mejor, mejor no lo nombremos porque se asoma y esta re pesado desde que salió campeón Villa Belgrano, ¡qué fanatismo!- dijo entre dientes Ricardito, Juancito y María del Carmen emitieron una escueta carcajada.&lt;br /&gt;-Yo lo ví hoy a la mañana, y le pregunté por lo mismo que se preguntan ustedes, el guacho, que tiene más memoria, se acordaba de los últimos versos… cuando me los dijo, casi me largo a llorar de la emoción. Después salió como un loco con el auto, tenía que ir  a la ciudad para ir a buscar a Gladys que se fue unos días para allá. Creo que fue a buscar laburo de doctora, ¿viste De Luca que es médica?- dijo esto último mirando fijamente al Viejo que no le dio mucha bola, seguía pensando lo mismo que el Prusiano: ¿Por qué estamos en el taller del loco este?- y fue para allá porque tiene una amiga que le podía conseguir un trabajo en una clínica privada- decía María del Carmen, interrumpida por Juancito quién le preguntó: -Y ¿dónde duerme?, si son todos esos de acá, viven a la vuelta de casa-&lt;br /&gt;-Creo que tiene una tía o una madrina que vive en la ciudad- dijo Ricardito ya desilusionado  por el contenido del poema. Su búsqueda fue en vano, la derrota es inevitable como la noche, cada vez más cerca.&lt;br /&gt;-Yo iba andando en bicicleta- continuo después de un momento de silencio, donde los integrantes eran espectros de lo que fueron al entrar-  por la calle San Martin y ahí me lo crucé, le pregunté por el poema y dijo: “miránome acuerdó todótodo peromé acuerdó el finál, era así”- paro para tomar aire y continuo- …mientras sonrío en una/ eterna/ dicha/ dorada… así es, ¡qué hermoso, no!, de quién corno será- termino de decir con una de esas sonrisas indescifrables de María del Carmen; indescifrables porque no se sabía si era falsa o no.&lt;br /&gt;-Sí…. Tenés razón María, ¡la pucha ese Esdrújula sí que tiene memoria!- dijo feliz Juancito. -No sabemos todo pero sabemos el Titulo y el final, y sí, es hermoso, por eso lo traté de recordar desde hace un rato largo-.&lt;br /&gt;-Sí, la verdad que es muy lindo, ¿a vos que te parece Prusiano?.- Dijo Ricardito con los ojos brillosos y miró fijamente a Gómez, esperando la respuesta.&lt;br /&gt;-Ma’ me importa tres carajos ese puto poema, che. Yo vine porque quería carne- dijo Gómez.&lt;br /&gt;-¿Carne?, al lado Prusiano. Acá otra cosa, relojes o fierros- dijo Ricardito.&lt;br /&gt;-Pero Ricardo, me acordé por suerte, gracias Prusiano- dijo el viejo mirado al Prusiano con una sonrisa- afuera hay un cartel en la carnicería que dice que vos tenés la llave y que te vengamos a pedir la carne…. Yo no vine por la puta cortadora de pasto y por el reloj, vine porque a la noche quiero comerme un bife angosto. Dale entrega la carne, no te hagas el sota- Dijo el Viejo subiendo en cada silaba su impaciencia.&lt;br /&gt;-Pero, ¡por qué no se van a cagar los dos!- dijo ofuscado Ricardito y comenzó a terminar de armar la motoneta.&lt;br /&gt;-No, no. Yo también, quiero tres chorizos colorados, que voy a hacer un guiso.- dijo sin entender del todo bien María del Carmen nada de lo que sucedía, le interesaba solo su pedido. El bullicio estaba creciendo de a poco en el taller.&lt;br /&gt;De pronto se asomó el Turco por la puerta, en realidad no se lleva muy bien con ninguno de los que está adentro del taller-.&lt;br /&gt;-Che pendejo, qué pasó con el Raúl, necesito carne, quiero picada especial un kilo- dijo el Turco.&lt;br /&gt;-Yo dos kilos de asado- dijo otra voz que venía de afuera del local de Ricardito, era la voz de Raúl Lineker.&lt;br /&gt;-che paren que el primero en llegar al taller, fui yo- dijo el Prusiano sin dar lugar a ninguna acotación más y señalándose con el dedo.&lt;br /&gt;-A ver, a todos ustedes, Raúl, el carnicero no paso por acá para dejar la llave, además otra cosa no puedo ver carne, soy vegetariano- Cuando dijo esto último Ricardito, todos se decepcionaron… de a una las voces se marcharon. El Prusiano espero que suene el reloj, está vez dieron las cuatro, se dijo para sus adentros: “El tiempo no pasa, ¡la pucha!” y se fue. Quedaron como al comienzo Juan y Ricardo solos en el taller. Son las cuatro de la tarde, termino el reloj de sonar. Ricardito terminó la motoneta de Fernández.&lt;br /&gt;-Che Juancito, te pones la pava para unos mates- dijo Ricardito.&lt;br /&gt;-Me acorde!, me acorde!- dijo Juancito como la vez que Luis Chico ganó la lotería, y lo se miraron con Ricardito que lo miró con la mirada de Raulito, el carnicero ausente, el día que su amigo, el panadero Luis Chico, se olvido de su mujer, de su familia, de su panadería, de su reloj, de su amigo y se fue del pueblo con el cheque de la lotería para no volver.&lt;br /&gt;Suenan las campanas del reloj. Otro reloj.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-5742671060062285334?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/5742671060062285334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/el-reloj-suena-ese-el-que-esta-en-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/5742671060062285334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/5742671060062285334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/el-reloj-suena-ese-el-que-esta-en-la.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2737726313785698551.post-690905206411943361</id><published>2010-09-10T10:48:00.000-07:00</published><updated>2010-09-10T10:51:55.723-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='?'/><title type='text'></title><content type='html'>Ricardo esta agazapado, entre la puerta y el inodoro, de fondo escucha los gritos de la multitud clamando por el bofe, la nalga y los 3 kilos de milanesas que supuestamente han encargado llamando por teléfono. Ricardo no puede creer lo que le esta sucediendo, hace unos veinte minutos era el tipo mas cualunque, menos comprometido, mas ignorado de este pueblo que cuenta con solo 300 habitantes, y Ricardo no puede creer que 299, estén en el living de su casa protestando, gritando, por que este mediodía no tendrán la carne que tanto ansían.&lt;br /&gt;Imagen patética la de este pobre hombre que se tapa los oídos, en posición fetal detrás de la puerta de su pequeño baño. Es irrisorio como un lugar puede acunarnos, y precisamente ese lugar es el baño, donde se tiene la mayor privacidad de la casa, donde uno entra y se siente realmente solo, pero es siempre una soledad gustosa, nadie entra a menos que uno lo permita, no pasa lo mismo con otras habitaciones de la casa. Por ejemplo en un dormitorio, uno ve la puerta cerrada, toca despacito, y entra diciendo: permiso, y no siente que este invadiendo nada. Pero en un baño uno ve la puerta cerrada, toca y si del otro lado responden: ocupado, uno sabe que su lugar esta afuera, que hay alguien adentro que no quiere ser molestado, tal vez este haciendo sus necesidades, mirándose al espejo, reventándose un grano, o haciendo muecas, y no nos importa, sea lo que sea que la persona en cuestión este haciendo, es su problema y no debemos entrar, hasta que este salga y nos de paso a nuestra privacidad. Así que no es tan ilógico pensar por que Ricardo, eligió este cuarto en particular y no otro.&lt;br /&gt;Instantes antes de que Ricardo se encierre en el baño y descubra como los hechos nos pueden llevar a pasar de ser una persona ignorada a ser una persona publica y aborrecida por la multitud, Ricardo Ruben Gaitan experimento la locura colectiva en carne propia. Por alguna razón la gente del pueblo creyó que en la casa de el había una carnicería, literalmente, y comenzaron los gritos pidiendo su pedazo de comida. Primero ante su asombro se mostró calmado, acá no hay una carnicería, se habrán equivocado, pero la gente se acumulaba como una avalancha humana imparable, entonces Ricardo se vio forzado a retirarse, a correr y con pánico, transpirando y casi llorando de desesperación se encerró en el tan mencionado baño de su casa con azulejos color caqui. &lt;br /&gt;Estos sucesos no fueron en vano, por que a este personaje de pueblo los hechos mas horrorosos y torturantes, como lo es el linchamiento publico (que estaba planeando la multitud fuera del baño) lo llevaron a hechos mas fantásticos, a aventuras mas bellas e increíbles. &lt;br /&gt;Ricardo se encuentra en estado de shock, llorando y balbuceando, esta sentado, apoya su brazo y deja caer su cabeza en el borde del inodoro, como no le gusta el olor que emite el artefacto, baja la tapa, y en un ataque de ira le pega tres fuertes golpes. Dentro del inodoro se escucha una pequeña explosión, asombro que lo saca por completo de su estado previo de congoja y desesperación. Ricardo abre la tapa del inodoro y descubre que en el fondo del agua con lavandina hay una pequeña puerta negra, piensa como hacer para escapar, piensa en que no se va a meter a un lugar tan horrendo como el inodoro donde esa misma mañana cago, pero escucha los gritos de la multitud y decide que es la mejor opción. Mete una pata y no hay caso, la puerta no se abre, el definitivamente no entra por ahí, mete la cabeza en un segundo intento, y la saca ahogado y tosiendo. Ni señales  que la puerta quiera abrirse. Pensá Ricardo, pensá, carajo. Tira la cuerda de la cadena, la puerta se abre. Ricardo trepa hasta la mochila de la cadena, milagrosamente entra, y tira nuevamente de la cuerda. Comienza a girar junto con el agua y después no ve más nada, como si alguien hubiera apagado la tele, todo negro, todo oscuro.&lt;br /&gt;Ricardo Ruben Gaitan abre un ojo, esta mojado y siente un gusto a poet lavanda en la boca, o eso cree. Mira a su alrededor y no reconoce nada, yace boca arriba y no puede pararse, en realidad le da demasiado miedo levantarse y ver que todo sigue igual, que su negrura y su puerta en el inodoro tal vez hayan sido solo un sueño, o quizá este en coma por que la multitud realmente lo alcanzo lo atrapo y le pego hasta dejarlo inconciente. Sea lo que sea, este hombre sigue tirado, se refriega los ojos y siente una claridad insoportable. Finalmente: Ricardo parate, camina, fijate que es todo esto. Puede ver arriba, en un cielo negro con puntos blancos, un pájaro posado en un árbol con la copa pequeña y las raíces enormes, ve las raíces, el árbol esta suspendido, flotando. La mandíbula de Ricardo se abre. Boqueando como un pez dorado, como un pez de pecera, Ricardo comienza a mirar con ojos incrédulos. A la derecha reconoce la pequeña puerta negra por donde entro, a la izquierda hay otra puerta de color rojo. Silencio total, el pájaro del árbol no canta, está estático, la sombra de las raíces lo persiguen, si el se mueve el árbol también lo hace, Ricardo camina hacia la puerta negra, quiere comprobar si realmente esto es real. La puerta esta cerrada, gira su picaporte, no abre, pero detrás escucha como un eco: hijo de puta! Entrega la carne! Rata apestosa. Mira por la cerradura y ve unos ojos mirando al inodoro, reconoce la cara de Mirta, la detestable vecina que habla de todos pero nunca de el. Escucha su vos de arpía envejecida que dice: No esta! el pelotudo este desapareció! Bueno, por lo menos ahora no te ignoran, ahora sos detestable Ricardo. &lt;br /&gt;Quedarse mirando la puerta y las viejas que espían detrás en el baño de su casa, no es tiempo aprovechado, sobre todo considerando que hay cosas mucho más interesantes para mirar y analizar. Este hombre que nunca ha salido de su pequeño y hostil pueblo, se encuentra en un mundo desconocido, paralelo, ¿Por qué no? El miedo lo paraliza un momento, pero luego recuerda una frase que leyó en alguna revista o en alguna reseña, no recuerda donde, pero sabe que decía algo como que no importaba de qué raza fuera un ser humano, nadie puede ser peor que un ser humano. Recuerda los abucheos de su pueblo, la gente violenta destruyendo su humilde casa, Ricardo mira alrededor, ni un ser humano a la vista, suspira, solo hay un cielo negro con puntos blancos, un árbol flotando con un pájaro y raíces, que lo persiguen encima de su cabeza, y dos puertas. Dos puertas Ricardo Gaitan, una lleva nuevamente a su baño, a su mundo, y la otra? La puerta roja Ricardo, mira. Va hacia la puerta y la abre, el pájaro despliega sus alas y arrastrando todo el árbol, vuela y se vuelve un punto blanco más en el fondo. ¿Cómo caratularías estos hechos? ¿Sorprendentes? ¿Extraños? ¿Extravagantes? Ricardo no se pregunta nada, solo se deja llevar por alguna corazonada, sale un viento frío detrás de la puerta, viene desde dentro de lo que esconde esa puerta roja. Entra, la puerta se cierra detrás de él. Frente a su vista hay cadáveres, o al menos eso parecen, son bichos extraños los que alguna vez tuvieron vida y que ahora están tirados. Sorprendentemente esta regla funciona también en este mundo: el frío los ha conservado, vaya a saber cuanto tiempo estuvieron así, tirados. Ricardo camina esquivando cuerpos, entre la escarcha blanca, con un cielo rojo, ya no sabe cuanto tiempo hace que esta en estos lugares, ¿alguien mas habrá descubierto esto? No hay señales de que así sea. A lo lejos puede ver algo conocido, se acerca un poco más y ve el pájaro solo, desprendido del árbol. El pájaro esta muerto. Por algún motivo Ricardo se entristece, tiene frío y ya no puede lidiar con esta vorágine, el cielo del lugar esta cada vez más rojo, si estuviera en mi pueblo, esto quiere decir viento, pero no, no estas Ricardo ahí, acá no sabes lo que quiere decir. Ríe incrédulo y comienza a llorar. Luego de ese penoso llanto que seca con su manga, se vuelven a escuchar los gritos de su gente, del otro lado. Ricardo enfurece, patea cuerpos, grita y cae rendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricardo esta sentado en la misma posición que cuando estaba acurrucado en el baño antes de entrar en este mundo, cada vez mas claros resuenan los gritos de su pueblo, lo piden a el, piden su sangre o la sangre de algún animal para llevar a su mesa. Sabe que tiene que tomar decisiones, no puede quedarse mas en este lugar terrible, cadavérico, pero si sale por el inodoro el será un cadáver mas. Pensa Ricardo, dales lo que quieren, los pensamientos comienzan a formar una extraña maquina en su cabeza, todo se entrelaza, los gritos de la multitud, el pájaro, la sangre, los cadáveres. &lt;br /&gt;Ricardo corre, abre la puerta roja, y vuelve al mundo del cielo negro, ve la puerta que lo conduce nuevamente a su mundo, espía, los gritos se escuchan mas lejanos, la gente ha salido del baño, pero aun esperan impacientes en el living de su casa, escucha tintineos de cucharas revolviendo líquidos, ¡que atrevimiento! ¿Qué esperas Ricardo? Decide abrir a ver que pasa, asoma la cabeza por el inodoro. Nada parece alterarse, la gente lo ignora. Vuelve a meterse. Ya sabe que puede salir de allí cuando quiera, corre nuevamente hacia la puerta roja, esta vez la deja abierta de par en par y comienza a tirar de uno de los cadáveres mas próximos, lo arrastra hasta la puerta negra, así hace con tres muertos mas, juntaría mas, pero sus fuerzas le juegan en contra, de todas formas con esto será suficiente.&lt;br /&gt;El hombre parece otro, en su cara ya no aparecen signos de inseguridad, algo cambio. Ricardo abre la puerta negra y comienza a pasar un cuerpo por ella, se escucha cuando el cuerpo cae mojado en el baño de su casa. Así hace con los otros tres que le quedan, luego no tiene más que pasar el mismo. Con gran esfuerzo Ricardo lo logra. El baño esta atestado de muertos de quien sabe que especie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Ruben Gaitan abre una puerta más y esta será la última, la gente lo ve, empiezan todos a gritar, abucheos, silbidos y puteadas. Ricardo dice orgulloso y casi altivo: a ver si me van sacando numerito que acá hay carne para todos. La multitud aplaude, nadie pregunta de donde salio, por que se fue, como consiguió la carne, a nadie le interesan los motivos, solo tener el plato servido.&lt;br /&gt;Ricardo es el fundador del negocio mas exitoso del pueblo: “Carnicerías Gaitan, la carne de otro mundo”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2737726313785698551-690905206411943361?l=lanoveladericardito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/feeds/690905206411943361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/ricardo-esta-agazapado-entre-la-puerta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/690905206411943361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2737726313785698551/posts/default/690905206411943361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lanoveladericardito.blogspot.com/2010/09/ricardo-esta-agazapado-entre-la-puerta.html' title=''/><author><name>Trama de Adoquines</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03396790011133269788</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
